La psicología de los regalos

Llega el momento de los regalos: amigos invisibles, Papa Noel, los Reyes Magos… Es un momento bonito que esconde un trasfondo social, pues cuando damos y recibimos regalos estamos trabajando la mejora y fortalecimiento de las relaciones sociales. Nos dispone y coloca en una posición de receptividad, generando alegría y estima.

Pero, hacer regalos también esconde un “lado oscuro” que debemos tener en cuenta a la hora de hacerlos y recibirlos. Muchas veces, estos obsequios esconden un afecto no dado o una forma de compensar otras carencias en las relaciones.

En el caso de los niños y niñas, es un buen momento para pararnos y pensar qué queremos que produzca en ellos/as la acción de regalar. Tendemos a llenarlos de regalos, provocando su sobreestimulación, en muchos casos, reduciendo la ilusión que un hecho tan bonito puede provocar.

El Dr. Gonzalo Oliván, Jefe de Pediatría y Adolescencia del Instituto Aragonés de Servicios Sociales dice que “ el exceso de regalos puede conducir incluso a una apatía total, provocando que los niños pierdan la ilusión debido a un exceso de estímulos positivos, un estado que puede reducir, además, su nivel de tolerancia a las frustraciones”.

Nos pasa a todos y todas.

Las personas, cuando tenemos sobreestimulación (aunque sea positiva), perdemos la capacidad de centrarnos en un único estímulo y disfrutarlo plenamente. Entonces, la emoción se dispersa e incluso, desaparece y aparecen frustraciones como “para qué quiero esto”, “esto no era exactamente lo quería”… 

Con nuestros hijos e hijas, pasa exactamente lo mismo y debemos ayudarles a poner límites. Es un buen momento para coordinarnos con el resto de familia y amigos/as y no hacerles perder la capacidad de valorar el detalle ante tanta estimulación. Les estamos enseñando un gran valor: el control de sus expectativas y el disfrute de los pequeños placeres, no transmitiéndoles que más es mejor. De adultos/as esto nos convierte en personas continuamente infelices. Siempre queremos más.

Pero, ¿cómo le puedo explicar algo así a un niño o niña?

Enseñar a gestionar expectativas a nuestros hijos e hijas es un básico que les va a ayudar toda la vida. Evidentemente, dependiendo de la edad deberemos adaptar nuestro discurso. Debemos tener en cuenta que, hasta que no tienen 9 o 10 años, los niños y niñas no están capacitados para elegir entre tanta diversidad y oferta.

Algunas propuestas: Cada “rey mago” puede cargar un sólo regalo, Sólo pueden dejar un regalo en cada casa para que todos los niños/as puedan tener uno, La fábrica de juguetes debe fabricar juguetes para todos los niños y niñas (¡el valor de compartir!).

Analiza tu situación y aplica la solución con la que te sientas más cómodo/a:

  • Ley de los 5 regalos:  limitar el número de regalos para que sean capaces de concentrarse en cada uno de ellos.

  • Regalar fuera de las Navidades. El tour de visitas y búsqueda de regalos en las diferentes casas no ayuda mucho a evitar la sobreestimulación. Podemos enseñarles a regalar por un motivo, más que por una fecha.

  • El regalo útil. Encontrar un regalo que desee y que sabes que utilizará: ropa, zapatos, bicicleta, libro...

Te sorprenderás de cómo pueden llegar a entender y adaptarse a esta “carta de regalos”. A veces, somos nosotros/as, los que debemos gestionar las expectativas de lo que creemos que es mejor para nuestros hijos/as. Sin darnos cuenta, estamos generando unas necesidades que hasta entonces no tenían o ni se habían planteado. En la cantidad nunca está la felicidad, lo está en el valor que le demos a lo que tenemos.

Los regalos y la edad.

Muchos son los pediatras que aconsejan reglas básicas sobre el tipo de regalo que podemos hacer a nuestros hijos e hijas, según su edad:

  • Bébés: es difícil que entiendan el concepto de los regalos por Navidad, por lo que no necesitan apenas juguetes. Aprovechemos para favorecer la estimulación psicomotriz, la maduración del lenguaje y la sociabilidad.

  • Entre los 2 y los 5 años, se recomiendan los juguetes que estimulen la imaginación, la memoria y las habilidades manuales. 

  • En la etapa escolar, son perfectos los juegos que requieren normas y otros jugadores con el fin de desarrollar razonamientos mentales, sociabilidad, límites. Los juguetes electrónicos, pueden aportarles habilidades que les van a ser muy útiles en el futuro, pero hay que limitar el tiempo de uso, pues hay muchas habilidades (sobre todo, psicomotrices y sociales) que, casi nunca, podrán darnos estos juguetes.

La clave

La clave está en ayudarles (y ayudarnos) a elegir algo concreto que les haga verdadera ilusión y así, fomentarla, generando el contexto de misterio y sorpresa, para que la ilusión crezca. Hacer de la entrega de regalos un ritual mágico, nos aporta mucho más que el objeto.

Este contexto es independiente a nuestra realidad económica. La ilusión nunca se paga. Se paga la ausencia de ella.

Cuando nuestros hijos e hijas son mayores, es un buen momento para seguir trabajando la resiliencia (la capacidad para adaptarnos positivamente a situaciones adversas), explicándoles la realidad de la economía familiar. Es una gran lección para ellos/as. No infravaloremos su capacidad y los sobreprotejamos de una realidad que ellos/as ya ven.

La falsa magia del que “no les falte de nada”, no es crearles traumas, es enseñarles a vivir con los recursos que ganamos y tenemos. Sin duda, es el mayor regalo que podemos hacerles (y hacernos).