La irrealidad virtual

En 2008 comenzó una revolución social con la entrada de Facebook en España. En poco tiempo, todos/as teníamos un perfil donde empezábamos nuestra vida paralela y donde nos exponíamos a nuestros amigos/as virtuales. Después, llegó Instagram, Twitter…

Poco a poco, hemos tenido herramientas que nos ayudaban a socializar y a decir, sin necesidad de mirarnos, lo que pensábamos y hacíamos. Sin duda, una gran revolución.

Estas nuevas herramientas nos han enseñado la valentía de decir lo que queramos y a construirnos, en muchos casos, una vida que no es real. La falta de feedback real (el no verbal), está haciendo que nos vayamos creando una irrealidad paralela que no hace más que alejarnos de nuestra propia realidad. Un escaparate de cristal unidireccional.

Sin duda, participar activamente en las redes sociales es una gran oportunidad para nosotros/as. Es una forma de mostrarnos a los demás. El problema impera cuando es la única o la principal forma de relacionarnos.

Las redes sociales y el desarrollo de habilidades sociales

Desde pequeños/as nos enseñan y aprendemos a relacionarnos con los demás. Somos conscientes que no vivimos solos/as en el mundo y empezamos a trabajar herramientas que nos ayuden a hacerlo. Hacerlo a través del juego con los demás es esencial.

La inmersión, desde la infancia, en las redes, hace que estemos perdiendo la importancia del cara a cara y las herramientas que éste nos da. Enseñar a nuestros/as hijos/as que pueden presentarse a los demás de esta forma es una forma de inhibir este aprendizaje. Saber decir lo que pensamos y tener una retroalimentación en el momento nos ayuda a crear nuevas herramientas de respuesta.

Cada vez son más los casos de bullying a través de las redes. Claro que siempre ha habido acoso en las escuelas, pero nunca ha sido tan fácil como ahora. Como adultos tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos/as que las redes sociales no es más que una forma más de relacionarnos, pero no la única y principal.

Las redes sociales y los juegos virtuales, han creado una nueva forma de relacionarnos, de jugar, de aprender. Pero la realidad sigue estando ahí fuera.

Cuando me refugio en ellas

Muchas son las personas que en su adolescencia y adultez empiezan a crear una imagen pública que nada tiene que ver con su personalidad. Es como nos gustaría que nos viesen los demás, pero no es como nos ven. Los “me gusta” nunca pueden ser un “me gusta esto que haces y dices”, “estoy contigo”, “te quiero”, es sólo un click. Las redes pueden ayudarnos a establecer un objetivo, quién quiero ser, pero no nos enseñan a conseguirlo.

A menudo vemos perfiles “sobreexpuestos” que explican y dicen todo aquello que creen estar viviendo, que después tienen grandes carencias en las relaciones sociales en la calle. Es una forma de frustrarnos y seguir refugiándonos en la “irrealidad virtual”. Empezamos a perder contacto con los demás y creemos estar compensando nuestras carencias sociales con la sociedad virtual. Normalmente, estas personas están pidiendo que alguien las escuche, que alguien las quiera más o creen estar dirigiéndose a un “alguien virtual” que percibe qué está diciendo y a quién va dirigido. Empezamos a imaginarnos qué pensaría esa persona que nos ve y nos imaginamos qué me respondería. Percibimos señales en los demás e imaginamos que nos responden. Es sólo imaginación.

Seguir a influencers, amigos/as y conocidos/as de toda la vida con los que no hablamos ni vemos, es una buena forma de ver más allá de nuestro día a día y mantener relaciones a distancia, pero no es la única forma de mantener y crear relaciones.

Estas relaciones virtuales nos ayudan a comenzar contactos, a ligar, a mantener amigos/as en la distancia, pero deben ser sólo eso, un comienzo. Después, son nuestras habilidades sociales las que deben mantener estas relaciones.

Vivir y cultivar relaciones reales nos ayudan a crecer como personas. Tener herramientas es la mejor llave para conseguir abrir puertas. Estas herramientas se consiguen y construyen a base de mucho ensayo y error. Equivocarnos y pedir perdón, abrazarnos, mirarnos. Percibir a los demás, trabajando nuestra empatía. La empatía necesita de una segunda persona, no sólo un altavoz. La mirada, el debate, la sonrisa, el contacto.

Piensa qué te aportan las relaciones virtuales a través de las redes sociales. A partir de ahí, trabájalo en la realidad. Construye dos edificios, el virtual y el real. La revolución virtual nunca inventará una mirada.

Jaime Ramos