La pereza

La pereza es la negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados. Hasta la religión cristiana, clasifica la pereza como un vicio capital, pero más que un vicio está muy relacionada con la tristeza e, incluso, la depresión.

A menudo, nos envuelve la rutina de hacer siempre lo mismo, de sentirnos confortables haciéndolo, teniendo un “duende” que nos recuerda constantemente “no has hecho esto o sigues sin hacer lo otro”.

Entrar en un estado de pereza constante, nos lleva a decirnos a nosotros/as mismos/as que sólo podemos hacer lo que hacemos y nos quitamos poder para emprender nuevas rutinas o retos. Que no podemos hacer nada diferente. Como siempre, a la amiga autoestima no ayuda en nada.

Ahora que empieza un nuevo año, es el momento de proponernos nuevos propósitos que suelen quedar en sacos rotos y que no nos llevan a otra cosa que a frustrarnos. Saber por qué no queremos avanzar es la clave de querer hacerlo.

¿Por qué no quiero avanzar?

Es la gran pregunta. Muchos son los miedos y situaciones que nos encontramos cuando nos detenemos en esta pregunta y muchas son las claves que nos dan las respuestas.

Hacer un punto y aparte y reflexionar sobre ello, te ayudará a entenderte mejor y a poder actuar de forma real, dejando de lado palabrerías y retos que no harán más que entristecerte. Avanzar, poco a poco, y darte “palmaditas en la espalda” (¡tú sólo/a!) es empezar con buen pie y sobre todo, es romper la espiral de reto-fracaso-aceptación del fracaso-pereza-no puedo.

Una vez, a una persona, cuando le hice esta pregunta me contestó “porque quizás no quiera mejorar”. Esta respuesta fue demoledora para él. Fue el inicio del “darse cuenta” que llevaba mucho tiempo acomodado en lo que controlaba, entre ello, el sufrimiento y la sensación constante de “no ser capaz”. Esto es destructivo y nos incapacita cada vez más. Si no lo paramos, nos parará.

¿Por dónde puedo empezar?

  1. Reconoce e identifica cuál es tu rutina. Qué se repite cada día.

  2. Valora qué te hace sentir esa rutina diaria, qué es desagradable y qué es agradable.

  3. De esa lista, plantéate qué te gustaría cambiar, qué quieres hacer. En este planteamiento, hay análisis micros (beber café sólo o con leche, ir andando por tal calle…) a análisis más macros (trabajo, pareja…). Date un tiempo a pensar, saldrán muchas cosas.

  4. A partir de aquí, analiza por qué no lo has cambiado hasta ahora. Quizás es un momento en el que necesites ayuda de un profesional. De este análisis saldrán muchos miedos y muchos bloqueos. Muchos ni te imaginabas que estaban.

  5. Empieza dando pequeños pasos que rompan la rutina. Son pequeños cambios que van a empezar a romper esquemas mentales y que ayudarán a decirte: “puedo hacer algo diferente”.

  6. A partir de aquí: improvisa, asume el error, JUEGA.

Salir de un estado permanente de pereza te va a ayudar a ver un mundo nuevo, a romper bloqueos que te inmovilizan. El mundo nuevo está ahí fuera, sólo tienes que saber que puedes descubrirlo.