Cuando todo gira en torno a mí

Somos pensadores/as incansables. Durante todo el día somos capaces de reflexionar casi de forma interminable sobre todo lo que pasa en nuestro alrededor. Como ya hemos hablado en otras ocasiones, nuestras estructuras de pensamiento, nos ayudan a que esas reflexiones sean lo más rápidas posibles, buscando, en todo momento, “controlar” nuestro entorno.

Nuestro cerebro es “vago”. Intenta duplicar reflexiones ya realizadas y, con ello, ahorrarse la creación de nuevas estructuras que nos abran nuestra capacidad de detectar y analizar situaciones nuevas. Pues, aparentemente, todo lo nuevo “puede ser peligroso”, por tanto, es mejor basarnos en experiencias anteriores y, simplemente, repetir esquemas anteriores. Es supervivencia.

Sin duda, esto nos ayuda en gran parte de nuestro día a día, pero también nos lleva a “callejones sin salida”. Parece que sólo hay una forma de ver aquello que nos rodea y, sobre todo, aquello que nos molesta. No podemos salir de esa forma de pensar.

Llevarlo a lo personal

Cuando alguien nos falta el respeto o nos decepciona, es fácil y casi automático, llevarnos esa acción a nuestro plano personal. Incluso, llegamos a culparnos de las acciones de los demás, emergiendo otros pensamientos más “protectores con nosotros/as mismos/as”: esa persona tiene algo en contra de mí. Esto es emocionalmente agotador y terminará dañando nuestra autoestima.

Llevar las cosas al plano personal es una distorsión cognitiva bastante común que se llama personalización, que no es otra cosa que sentir que somos el centro del mundo de los demás. “Todo pasa por mí y para mi”. Esta distorsión, nos genera un disconfort permanente, ya que siempre tenemos la sensación de no estar a la altura de las circunstancias. Si todo lo que pasa en el mundo gira en torno a mí, es probable que terminemos experimentando emociones como la ansiedad, la rabia o la culpa. Es una losa difícil de sostener mucho tiempo.

Por ello, hacer un autoanálisis profundo de nuestro malestar nos ayudará a tener un mayor control sobre nuestras emociones y las respuestas hacia los demás. Esto, nos ayuda a que nuestro estado de ánimo deje de depender de los demás y empiece a ser “de nuestra propiedad”. Evidentemente, muchas situaciones no cambian, pero la percepción que tenemos de ellas sí que pueden hacerlo.

Cómo empezar a despersonalizar

Asumir las desilusiones y batallas de manera personal y también, la felicidad y los logros de los demás, son las dos grandes personalizaciones que podemos sufrir. Parece que todo depende de nosotros/as y siempre hay algún motivo, que me vincule.

Esto nos da una responsabilidad casi inasumible, además de una frustración constante. Rehacer nuestra estructura responsabilizadora es vital para empezar a trabajar este problema. Te propongo varios pasos iniciales:

  1. Ser consciente de nuestra tendencia “autorresponsabilizadora”. Como casi siempre, pararnos a pensar en nuestra forma de pensar y ser consciente de ella, es el primer paso. No nos ayuda a eliminarla, pero subir un escalón de consciencia, nos pone en pensamiento manual, dejando el pensamiento automático por un instante.

  2. Reconocer que “no tenemos poderes”. No podemos saber todos los motivos por los que ocurren las cosas. Hay veces que generamos virtudes como “mi sexto sentido”, “mi intuición”, … que nos hacen creer que podemos conocer todos los motivos que mueven los comportamientos de los demás. No nos engañemos, nos estamos protegiendo ante la incertidumbre. Mejor que reconocer que no sé, es creer que sé. Esto, suele llevarnos a conclusiones erróneas (seguramente algunas veces acertemos) que luego determinarán nuestro comportamiento y se convertirán en una profecía que se autocumple.

  3. Generar otros planes. Ser capaces de generar planes B y C en nuestras reflexiones nos ayuda, y mucho, a abandonar estructuras de pensamientos rígidos que nos impidan ver más allá de lo que siempre pensamos. De inicio, nos puede ayudar generar estos otros argumentos pensando en qué pensarían sobre eso otras personas que no suelen pensar como nosotros/as. Es una forma de salir de la “única vía” que puede ayudarnos a flexibilizarnos y empezar a ver otras estructuras de pensamientos, otras opciones.

Todos/as somos capaces de dar estos tres pasos. En un primer momento, parece enlentecer nuestra forma automática de percibir la realidad, pero, después, poder ver más opciones en nuestras reflexiones y ser capaces de no ser responsables de todo lo que pasa a nuestro alrededor, nos ayudará a tener más flexibilidad y libertad con nosotros/as mismos/as. Esto, nos ayuda a ver la vida desde otras perspectivas menos culpabilizadoras con nosotros/as mismos.

Jaime Ramos