De pensamiento automático al pensamiento manual

A menudo, llegamos a un sitio en coche o andando por la calle sin saber cómo hemos llegado hasta ahí. Lo hemos hecho automáticamente, sin pensar las calles a recorrer. Desde pequeños/os aprendemos cómo nos relacionamos teniendo como referencias las figuras adultas que nos rodean en esos años.

Estas referencias, nos van formando esquemas que son los que nos ayudan a saber responder al mundo que nos rodea. ¡Nuestra mente siempre busca control y simpleza! Por tanto, van formando nuestra manera de relacionarnos, hasta el punto de usarlos de manera automática, sin apenas darnos cuenta de que lo estamos haciendo.

Este automatismo está fuera de nuestra conciencia y, poco a poco, generamos patrones rígidos de funcionamiento que empiezan a hacernos daño si no somos conscientes de ellos.

¿Cuándo se crean los esquemas automáticos?

Nuestros pensamientos y creencias actuales, se van forjando en nuestro desarrollo como personas sociales. Vamos creando normas que rigen nuestra forma de actuar pero lo hacemos en automático, no pensamos de dónde viene ni por qué actuamos así. Esto, nos ancla en fuertes formas de relacionarnos hasta llegar al “yo soy así”. Si no corregimos nuestros automatismos y éstos nos están llevando a tomar malas decisiones (incluidas no saber tomarlas), entramos en un bucle de impotencia al no poder percibir la realidad en modo manual.

Cuando indagamos en nuestra vida, salen a la luz experiencias traumáticas en nuestras primeras etapas del desarrollo que se producen en situaciones cotidianas que, sin darnos cuenta, nos marcan. Hoy, no hablaremos de experiencias traumáticas producidas por abusos sexuales por parte de una persona adulta u otras experiencias complejas, nos centraremos en aquellas experiencias “sutiles” que nos han marcado.

Las experiencias más comunes pueden ser la falta de reconocimiento, la ausencia de apoyos, la sobreprotección, la distancia, padres y madres deprimidos/as. Normalmente, los estilos de vincularnos con las figuras adultas cuando somos niños/as , son:

  • Vínculo seguro: el vínculo equilibrado y coherente, donde tenemos claro la figura cuidadora y ésta nos apoya, protege y limita de forma equilibrada en nuestra infancia.Este vinculo entiende la emoción del pequeño/a, intentan consolarlo, darle palabras y ayuda a que entienda qué ha pasado y las emociones que aparecen.

  • Vínculo inseguro: cuando el vínculo con la figura de apego se produce con demasiada distancia o, todo lo contrario, con excesiva preocupación. Esta distancia o sobreprotección, genera muchas incomprensiones como niños/as y, automáticamente, vamos interpretando la realidad de una forma poco clara. De mayores, estas interpretaciones y situaciones de supervivencia, van formando nuestras formas erróneas de asociar e interpretar experiencias pasadas con las actuales.

Por ejemplo, sentir rabia en la infancia es normal. No es más que una emoción que nos ayuda a combatir posibles amenazas. Si esa rabia no ayudamos a sacarla y canalizarla, puede convertirse en rabia interna (autorreporches) o hacia los demás. En general, todas las emociones, tienen una interpretación positiva y adaptativa. Si no sabemos canalizarlas e interpretarlas correctamente, es cuando nuestras formas de funcionar no siempre tienen un buen rendimiento.

¿Cómo puedo detectar y trabajar mis automatismos?

Como dice Anabel González en su libro “No soy yo”, sólo podemos cambiar aquello de lo que somos conscientes. Por ello, es el primer paso. Detectar que hay algo automático que me hace actuar e interpretar la realidad de una forma que no nos hace bien. A partir de aquí podemos hacernos varias preguntas:

  1. ¿Dónde aprendí esta forma de pensar?. Saber quién de nuestros referentes pensaba así y por qué.

  2. ¿Me ayudaba cuando me lo decían? ¿Me ayudaría si hoy me lo siguieran diciendo?. Es una pregunta trampa. Seguramente no te ayudaba, pero es algo que te servirá a ser consciente que hay algo que quieres cambiar.

  3. Si hoy, yo dijera lo mismo que me decían a mí a las personas que quiero, ¿qué pasaría?.

  4. ¿Qué es lo que realmente me ayudaría decirme a mí mismo?

Con estas 4 preguntas, empezamos a trabajar la toma de conciencia y es un primer paso para cambiar de pensamiento automático a manual. No es un camino fácil, ya que reprogramar nuestros esquemas mentales requiere un gran esfuerzo, pero es la mejor forma de re-empezar a sentir.

Jaime Ramos