El abandono emocional

Entre los traumas infantiles más difíciles de reponernos están el abandono emocional y la traición por parte de alguna de nuestras figuras de apego en nuestra infancia. En la mayoría de los casos, la traición se convierte en una experiencia más concreta de la que seremos más fácilmente repuestos con ayuda profesional. Sin embargo, el abandono, por la sutileza y la extensión en el tiempo, se convierte en uno de los traumas de apego más dolorosos y graves que podemos sufrir.

¿Qué es el abandono emocional?

Cuando nos referimos a abandono, nos referimos a las faltas de respuestas por parte de los referentes adultos en nuestra infancia ante nuestras necesidades emocionales. Cuando somos pequeños/as, tenemos la necesidad de figuras de referencia que nos ayuden a regular y entender nuestras emociones. Por ello, es importante que estas figuras nos proporcionen seguridad y calma, para que la autorregulación vaya adquiriendo, con el paso de los años, más protagonismo.

Entre las conductas de abandono que podemos sufrir están:

  • La sensación de no ser vistos. Ignorar la conducta y, por ende, las emociones de los hijos/as. Hacer ver que no son importantes y que sus necesidades nunca son urgentes ni prioritarias para las figuras de apego.

  • Ausencia de caricias, abrazos o impedir las muestras de cariño. Esta frialdad física, a veces, genera indefensión a los más pequeños/as. La autorregulación, empieza por la regulación externa y ésta, al principio tiene mucha importancia a nivel físico.

  • No jugar. El juego es de las primeras experiencias sociales a través de las cuales enseñamos a nuestros hijos/as a sentir emociones que van a perseguirles a lo largo de toda la vida (ganar, perder, respetar reglas de juego, convivir…).

  • Reñir ante muestras emocionales (lloros, risas…). Es una forma de reprimir las muestras emocionales que comunicamos al exterior.

  • Falta de apoyo, valor y atención a las necesidades del niño/a, ignorando sus preocupaciones o intereses.

Éstas son algunas de las acciones que podemos ejercer los adultos a nuestros/as hijos/as, hasta el punto de enseñarles que no son importantes y, con ello, que no son merecedores/as de afecto. Esta sensación es un aprendizaje demoledor para un niño/a.

Consecuencias del abandono emocional

El desarrollo como personas incluye la autorregulación emocional como principal eje de supervivencia para interpretar las situaciones en la vida adulta. Esta autorregulación está en todas las acciones y decisiones que tomemos en nuestra vida.

Haber crecido en un ambiente de abandono, genera una falta de seguridad y autoestima que estará presente cada día de nuestras vidas. La seguridad que deberíamos haber recibido cuando éramos dependientes emocionalmente es la seguridad que duplicaremos en nuestra adolescencia y vida adulta.

No tener esta seguridad nos genera muchas otras conductas desadaptativas con las que intentaremos compensar ese aprendizaje vital:

  • Dificultades sociales. La falta de regulación emocional generada por el abandono hace que veamos nuestro contexto social como un lugar peligroso. Nuestras alarmas se activan en cualquier situación. No nos sentimos preparados/as para lidiar en un mundo inesperado que es el que generamos las personas.

  • Trastornos de alimentación. Normalmente, la alimentación, es de las necesidades básicas que, como niños/as, nos hacen conectar más con los adultos. Aprender a conectar y desconectar a través de la alimentación es un “juego” peligroso que arrastraremos durante mucho tiempo. Los problemas de alimentación en momentos difíciles (no comer, atracones…), no suelen ser casualidad.

  • Problemas de autoestima. Es uno de los problemas más graves que se pueden generar. Además, afecta a la construcción de nuestra personalidad, por lo que las consecuencias son mayores. Para construir una buena autoestima, hemos necesitado la estima externa en nuestra infancia. Si no hemos tenido ese espejo, es difícil generarlo de forma automática.

  • Conductas desadaptativas para buscar el afecto. A veces, la necesidades de esta estima, nos hace, mediante ensayo y error probar conductas desadaptativas, a través de las cuales creemos que hemos conectado con nuestros referentes. La excesiva dependencia, la sumisión, la violencia, la obsesión por agradar… son conductas con las que, en algún momento, hemos visto tener la atención de nuestros referentes. Si hemos aprendido que con estas conductas obteníamos esa atención en la infancia, en la vida adulta, muy probablemente, seguimos duplicando esa forma de hacer.

  • Depresiones, miedos, fobias y ansiedad. Cuando el daño emocional creado es bastante severo, pueden aparecer otras consecuencias en la etapa adulta. Todas las carencias que han generado la falta de seguridad o confianza en la infancia, pueden reflejarse a través de mayores desequilibrios en la adultez.

  • Reflejo familiar negativo. No es otra cosa que continuar ejerciendo para nuestros/as hijos/as lo que nosotros/as hemos recibido. Es lo que hemos aprendido y, por tanto, es lo que podemos duplicar con nuestra familia.

Todas estas consecuencias en la actualidad, son motivos para necesitar ayuda. Haber vivido determinadas situaciones, como el abandono emocional, no son vivencias irreversibles, pero sí son vivencias que han generado un impacto muy grande en nuestra personalidad actual. Por ello, entender nuestro yo adulto, desde nuestras vivencias más pasadas, nos ayuda a ver una nueva realidad que nos ayude a reconstruir pilares que han estado mal construidos de niños/as.

Jaime Ramos