El Bullying

Ayudar a nuestros hijos e hijas a prevenir, detectar y saber actuar ante el bullying es una de las mayores responsabilidades que debemos tener como padres y madres. No sólo para evitar que nuestros hijos e hijas puedan sufrirlo, sino para que tampoco lo ejerzan sobre otros niños y niñas.

El bullying es el maltrato  físico o psicológico o conducta agresiva de un niño/a o grupo de niños/as a otro/a, que se produce en el entorno escolar, que se repite y que causa un daño. Dentro de esta definición podemos encontrar muchas formas de ejercerlo y recibirlo.

¿De qué se compone el bullying?

En el bullying el contexto escolar tiene un gran peso en las acciones que se produzcan. Por ello, podemos decir que se compone de tres factores:

  1. Un agresor/a que ejerce su poder y control de manera continuada y consciente hacia la víctima.

  2. Una víctima que se siente indefensa, con miedo y sola ante las acciones del agresor/a.

  3. Un grupo que presencia el acoso. Los testigos pueden no apoyar al agresor/a, pero ni denuncian ni apoyan a la víctima ante las situaciones que presencian.

De los tres factores, por supuesto además del agresor, el grupo testigo juega un papel principal en la continuación de las agresiones verbales y físicas. En la infancia y la adolescencia, la pertenencia al grupo es uno de los ejes en nuestro desarrollo como personas. Por ello, la desvinculación del grupo, es de los principales motivos por el que los testigos prefieren seguir presenciando estas situaciones sin decir nada. El miedo a no convertirse en víctima hace que se paralicen y toleren estas situaciones.

Tipos de bullying

El bullying no sólo es una agresión física, también es verbal (insultos o vejaciones), psicológico (realizando acciones con el objetivo de reducir la autoestima de la víctima) y social (exclusión del grupo).

A estas 4 formas de ejercerlo, debemos añadir el ciberbullying, en el que a través de internet y las redes sociales, se acosa psicológicamente a la víctima. Esta forma de bullying tiene dos disparadores que pueden agravar sus consecuencias para la víctima:

  • Muchas veces pueden ejercerse agresiones desde el anonimato.

  • La difusión de la información y las vejaciones son muy rápidas (difusión a mayor número de personas y en menos tiempo).

¿Qué podemos hacer como padres y madres?

La detección del problema es de los principales puntos que podemos hacer. En la adolescencia e infancia de nuestros hijos e hijas, muchas son las situaciones en las que no pueden ponerle nombre a aquello que están viviendo. Por eso, la detección sin preguntar directamente es un elemento clave.

Muchas son las conductas que pueden aparecer en las víctimas cuando empiezan a sufrirlo. Entre las principales están:

  1. No querer asistir a clase o incluso salir de casa.

  2. Trastorno del sueño.

  3. Alto grado de irritabilidad y nerviosismo.

  4. Experimenta cambios de humor.

  5. Presentar tristeza injustificada.

  6. Notar que tiene golpes y moratones injustificados.

  7. No tener ganas ni recibir invitaciones a eventos sociales (reuniones, cumpleaños…).

  8. Pérdida de objetos en el colegio (dinero, juguetes, bocadillos…).

  9. Otros síntomas somáticos (tics nerviosos, dolores de cabeza o de barriga…).

En el caso del agresor/a, también es un elemento clave con el que tenemos que actuar. En la mayoría de los casos, contrariamente a lo que se piensa, un agresor/a es un adolescente con baja autoestima y poca seguridad en sí mismo, que necesita someter a otros para sentirse importante. Piensa que, ejerciendo el control sobre los demás, podrá tener el reconocimiento y el respeto del grupo. En muchas ocasiones, el propio agresor ha sido víctima de agresiones en otros ámbitos y momentos (escolares o familiares). Por supuesto, esta historia no justifica la agresión, pero sí nos ayuda a entender cómo podemos ayudar al agresor a que deje de ejercer esa violencia sobre los demás. A educar y darles recursos que le ayuden a tener habilidades sociales.

¿Qué podemos hacer?

Es importante alzar la voz de alarma en el colegio y que la actuación sea coordinada y conjunta. Como adultos tenemos la responsabilidad de evitar y enseñar a los más pequeños/as a detectar lo que está mal y ayudarles a construir mejores relaciones sociales.

La actuación con la triada del Bullying:

  • Con la víctima. Trabajar la recuperación de su autoestima y su autoconcepto. Ayudar a reducir los síntomas que sufren es el primer paso. Después, ayudarles a la integración y transformación de los nuevos recursos que le ayuden a tener un nuevo autoconcepto. A menudo, “revictimizamos” a las víctimas pidiéndoles que se defiendan, que dejen de provocar esas situaciones… Esto no hará más que acrecentar sus inseguridades y su autoestima. Como padres y madres, debemos ayudarles a entender la situación y a mostrar siempre una ayuda y acompañamiento en el proceso. Si no trabajamos con la víctima desde que detectemos su sufrimiento podremos llegar a la vida adulta con más riesgo de sufrir el acoso en otros entornos (laboral y de pareja).

  • Con el agresor/a: debemos trabajar su agresividad y su patrón relacional. Ayudarles y trabajar con ellos/as las habilidades sociales es un eje principal de trabajo. Si no les ayudamos a ver otras formas de relacionarse con los demás, entenderán que el sometimiento y el control sobre las otras personas es la única vía de supervivencia. En la vida adulta, se convertirá en un problema mayor.

  • Con el grupo. Han aprendido a callar por miedo a posibles represalias. Por ello, es importante, al igual que con el agresor/a, revertir esta percepción y aprendizaje. Debemos enseñarles a no paralizarse por el miedo. Es algo que afectará a su propia autoestima. Al final, están sufriendo en silencio las injusticias que presencian y, a futuro, pueden aprender a tolerar éstas y otras situaciones más graves o incluso a ejercerlas, ya que ven que son permitidas. Debemos recordar que el agresor/a sobrevive por la aceptación del grupo.

Por último, si tienes unos minutos más, me gustaría que conocieses la historia de Mariana. A través de este cortometraje, el director Carlos Cuarón explica a la perfección, la escalera de violencia que generamos a lo largo de nuestra vida hasta convertirnos en diferentes actores y actrices de la misma. Actuar y detectar a tiempo estas situaciones es el primer paso. Si lla prevención y la detección a tiempo no ha sido posible, tratar las heridas del bullying, es otro gran paso que nos ayudará a entender y reaprender a relacionarnos en nuestras relaciones actuales.

Jaime Ramos