El conflicto interno

A menudo, muchas personas empiezan a sentir conflictos entre sus pensamientos internos, hasta el punto de sufrir bloqueos. Hay partes de nosotros/as mismos/as que nos llevan a actuar de una forma y hay otras partes que nos llevan al lado contrario. La lucha, muchas veces, es inconsciente y genera mucho malestar en el cuerpo, llegando a mostrarse a través de síntomas físicos (dolores de cabeza, problemas del sueño, ansiedad, ataques de pánico…). Es hora de escuchar a todas las partes.

¿Cuándo se forman esas partes internas?

Nuestra mente debe funcionar como un todo integrado, donde todas las experiencias y aprendizajes formen un todo que generen criterios de decisión en nuestra vida cotidiana. El problema aparece cuando vivimos situaciones complejas en nuestra vida que no hemos sido capaces de resolver en su momento. De esta situación sacamos emociones y pensamientos que almacenamos y separamos del resto de nuestra estructura integrada. Digamos que se independiza hasta el punto de ser casi otra persona dentro de nosotros/as mismos/as.

Son las situaciones en que decimos “yo normalmente soy así, pero en estas situaciones, no sé qué me pasa, que, al final, acabo haciendo todo lo contrario”. En ese “no sé qué me pasa”, hay toda una “mini-estructura mental” que nos está diciendo más de lo que nosotros/as creemos. Es una parte de nosotros que se ha independizado de tal forma que, a veces, parece que ni siquiera forma parte de nosotros/as.

Podemos llegar a odiarlas y rechazarlas y, para ello, generamos defensas de todo tipo para no escucharlas. Huimos, hacemos todo lo contrario, lloramos sin saber por qué… La lucha con nosotros/as mismos/as es la lucha más feroz. Nunca gana nadie, perdemos siempre.

Trabajar estas partes, es necesario en cualquier proceso de desarrollo personal. De lo contrario, esas partes independientes seguirán llamando nuestra atención, aumentando el nivel de malestar hasta que le hagamos caso. De ahí, podemos generar miedos, síntomas físicos, fobias… No estamos escuchando lo que nos tiene que decir.

Poner paz en el conflicto

Poner paz no es tarea fácil, pero es todo un descubrimiento para las personas. Ser capaces de ver estas partes, de reeducarlas y vivir con ellas de otra forma, nos ayuda a sanar muchas de las heridas que nos hacen actuar de manera desadaptativa.

El primer paso es estabilizar y reducir los síntomas más evidentes de nuestro malestar. Es la fase más cortoplacista pero es importante para que podamos avanzar. Empezamos a obtener recursos que nos fortalecen. Para ello, hemos de invertir tiempo en saber controlar los síntomas negativos que nos dominan y subamos un nivel en nuestra forma de vivir en paz. Esta estabilidad nos ayuda a flexibilizar nuestras partes internas y, con ello, a empezar a comunicar nuestras partes divididas. Abandonar el proceso en este momento es un gran error. Estamos tapando una mancha de humedad, pero no la estamos solucionando. Con el tiempo, si no avanzamos, volverán a salir.

Después, es importante trabajar los recuerdos y situaciones complejas que nos han hecho aislar toda esa mini-estructura del resto de nuestra estructura. Es el momento de afrontar esos recuerdos y verlos desde una perspectiva diferente. No se trata de olvidar, se trata de verlo con otra mirada.

Una vez reducidos los síntomas y tratados los recuerdos, es hora de poner paz. No es otra cosa que integrar todas esas mini-estructuras en nuestra personalidad. Saber escuchar (sin necesidad de hacerlo de la forma tan negativa en que lo hacíamos antes) a todas nuestras partes.

Aceptar ese todo, es aceptar las partes. Esas partes siempre han sido nuestras, simplemente, ha hecho falta enseñarles a que se comuniquen mejor entre ellas y, con ello, nos ayuden a tomar decisiones más saludables en nuestro día a día. Vivir en paz.

Jaime Ramos