Las etapas del desarrollo

Muchos han sido los investigadores que han escrito sobre las etapas del desarrollo. En concreto, Jean Piaget es uno de los psicólogos e investigadores más importantes de la historia, y a él le debemos gran parte de la psicología del desarrollo.

En concreto, Piaget desarrolló las etapas del desarrollo cognitivo, dividiéndolas en 4 fases: Etapa sensiomotriz (0 a 2 años), preoperacional (2 a 7 años) , etapa de operaciones concretas (7 a 12 años) y, por último, la etapa de operaciones formales (desde los 12 años hasta la vida adulta).

Las 7 etapas del desarrollo humano

Ampliando la visión de Piaget, otros muchos teóricos, han establecido 7 etapas del desarrollo humano de las que hablaremos hoy. Por supuesto, estas etapas no son lineales e iguales para todas las personas y cada ser humano tiene sus etapas y ritmos de crecimiento.

Etapa 1. Etapa Prenatal

Es la etapa de desarrollo intrauterino. Se desarrolla en el vientre materno durante el embarazo. Transcurre desde la unión de las células sexuales femenina y masculina (el óvulo y el espermatozoide) hasta su nacimiento en el parto. Es una etapa esencial para el desarrollo físico y mental de los bebés.

Etapa 2. La infancia

Es la etapa comprendida entre el nacimiento y los 6 años de edad. Es de las etapas más importantes para el establecimiento del vínculo (apego). Al principio, los bebés necesitan la regulación externa de sus figuras de referencias (ser calmados/as por los demás), para, después, desarrollar la propia autorregulación. Es decir, a través de la buena regulación que recibimos, aprendemos a hacerlo nosotros/as mismos/as en etapas posteriores.

En el primer mes, los bebés duermen la mayor parte del tiempo, pero aparecen los actos reflejos como la succión del pecho materno y reacción de sonidos fuertes, los movimientos espontáneos e indiferenciados (agitación del cuerpo, movimiento de brazos, piernas…) y aparecen las primeras reacciones emocionales indiscriminadas de agitación y excitación por una perdida del equilibrio del organismo y por estímulos agradables y desagradables.

Tras este periodo neonatal, el ser humano se interesa en ejercitar sus órganos sensoriales, movimientos y lenguaje, y manipula de forma repetida los objetos que se encuentran a su alcance. A través de este aprendizaje en los tres primeros años el ser humano adquiere capacidades básicas como manejar sus manos, ponerse de pie, caminar, hablar, hasta desplazarse por su propio medio.

Etapa 3. La niñez

Normalmente esta etapa se sitúa entre los 6 y 12 años. Coincide con la escolarización, donde la convivencia con sus iguales, les hace desarrollar la capacidad de exigir derechos, deberes, respeto a los demás y requerimientos de atención.Es una etapa de mucho desarrollo cognoscitivo: la percepción, memoria y el razonamiento. Este desarrollo, suele producirse a través del juego, donde vamos desarrollando el pensamiento lógico, aprendiendo a controlar la imaginación desbordante que impera en la infancia.

Como adultos, debemos garantizar:

  • Que se produzca el contacto con otros niños y niñas para desarrollar su socialización.

  • Ayudarles a desarrollar su percepción, memoria y razonamiento. El juego es la clave.

  • Ayudarles a entender, con nuestro ejemplo y explicación adaptada, el sentido del deber, el respeto al derecho ajeno, el amor propio, entre otras capacidades.

  • Desarrollar su pensamiento lógico y su capacidad de distinguir entre realidad e imaginación.

El vínculo afectivo en esta etapa, continúa siendo esencial. Es vital que seamos un buen espejo donde ellos/as puedan mirarse y ser capaces de empezar a explicarles el mundo que les rodea, incluyendo, la educación emocional. Que sepan detectarlas y, por tanto, vivirlas.

Etapa 4. La adolescencia

Cuesta establecer una edad fija de finalización, pero, normalmente, comprende entre los 12 y 20 años. En esta edad se deja de ser un niño/a, sobre todo, a nivel de lenguaje, pero todavía no hay una madurez y equilibrios propios de la adultez. El cambio físico que se produce en esta edad, marca mucho el desarrollo en esta edad, sobre todo a nivel sexual y social.

Es de las etapas más difíciles de entender por el mundo exterior, ya que, nos cuesta entender que, a pesar del desarrollo del lenguaje, aún queden muchas capacidades por desarrollar. Por tanto, es vital, acompañarles en el desarrollo, viendo más allá del crecimiento físico.

Ayudarles a ver el mundo continúa siendo prioritario. En este caso, es ayudarles a ver su propio mundo. El desarrollo hormonal, trae consigo un desarrollo en las emociones, a veces, difícil de soportar. Por tanto, es importante seguir ayudándoles a la gestión emocional. El mundo interior se convierte casi en ingestionable, ya que se redescubren todas las emociones y cómo el mundo influye en ellas.

Es una etapa importante en la creación de la autoestima . Si hemos trabajado el vínculo con nuestros hijos/as en las etapas anteriores, será seguir dándole continuidad, adaptando y, sobre todo, respetando su propia individualidad. La necesidad de convertirse en personas independientes y diferentes a sus referentes adultos, a veces hace, que se plantee una frontera y conflicto entre los padres y madres y sus hijos e hijas.

Etapa 5. La juventud

Normalmente, se establece su inicio a los 20 años y se extiende hasta los 25 años, aunque, al igual que la adolescencia, su final puede ser diferente dependiendo de las personas, el clima, estado de salud, la alimentación, cultura local, nivel de actividad física o intelectual…

En esta etapa, aunque todavía no hay un equilibrio al 100%, sí que hay mucha más calma que en la adolescencia. Haber trabajado en la etapa anterior, el autoconocimiento y la autoaceptación, es esencial para poder disfrutar de esta etapa.

Es la mejor época para el aprendizaje, con un desarrollo optimo del razonamiento, que nos ayuda a enfrentarnos, objetivamente, a la realidad. El sesgo interno que nos provoca la adolescencia, empieza a desaparecer y ya somos más capaces de flexibilizar nuestras visiones de las cosas.

Etapa 6. La adultez

Es la etapa del exámen. Si hemos hecho los deberes en las etapas anteriores, viviremos esta etapa mejor. Se comprende desde los 25 años hasta los 60 años, aproximadamente. Como en las etapas anteriores, su inicio y duración dependen muchos factores tales como la salud, las costumbres o hábitos de vida, el estado físico general, la alimentación, experiencias vitales…

En esta etapa, nuestra personalidad ya se presentan firme y segura y sabemos controlar nuestra vida emocional. Esto, nos ayuda a afrontar la vida con mayor seguridad, imprescindible para incorporarnos al mundo laboral y otras obligaciones.

Haber llegado a esta etapa con un autoconcepto definido y una buena sensación de autoconfianza es básico para disfrutarla. Cuando ha habido etapas de nuestra vida que no hemos sentido esta confianza por parte de los demás, solemos arrastrar el sesgo de nosotros/as mismos/as y nos cuesta saber quiénes somos y cuáles son nuestras capacidades. Por supuesto, se puede trabajar para compensar las carencias de las etapas anteriores para que nos ayude a vivir mejor.

Etapa 7. La ancianidad

Esta etapa del desarrollo se caracteriza por una creciente disminución de la fuerza física, diferente en función de la actividad vital que hayamos tenido en las fases previas.

Esta disminución suele ir acompañada por una progresiva bajada de la actividad intelectual y mental, perdiendo el interés por las cosas de la vida futura, primando las vivencias pasadas.

El carácter se va modificando y, por ello, es esencial, continuar teniendo una vida activa física, emocional e intelectualmente. De nuevo, al igual que en las primeras fases del desarrollo, la estimulación externa es vital para compensar la progresiva pérdida de algunas capacidades. Estimular esta etapa, ayudará a paliar esta progresiva pérdida.

Jaime Ramos