La timidez

La timidez es un rasgo de personalidad que impacta en nuestras relaciones personales. Las personas que la experimentan suelen tener comportamientos que limitan su desarrollo social, generándoles sentimientos y pensamientos negativos que le van aislando poco a poco.

Es importante saber que, las personas tímidas no quieren estar aisladas, todo lo contrario. Tener rasgos de timidez, hace que exista, en muchos casos, una profunda frustración ante las relaciones sociales. La imposibilidad de establecer nuevas relaciones genera muchos momentos de desconfianza en nuestras propias habilidades y, con ello, una merma de nuestra autoestima.

La historia de la timidez

Cuando hablamos de la historia que ha desarrollado este rasgo, descubrimos muchos acontecimientos que nos han ido enseñando a ir coartando nuestra forma de relacionarnos con los demás.

Poco a poco nos vamos aislando y creando una coraza protectora que nos hace alejarnos más y más de las otras personas.

La educación en nuestra infancia tiene un gran peso. Haber sido educado desde el miedo al que dirán, al no molestar o a no expresar los sentimientos, hace que, poco a poco, vayamos generando habilidades que nos van encerrando en nosotros/as mismos/as. Entender los modelos educativos y darle una visión adulta de los mismos es un eje principal de trabajo con la persona que quiere avanzar y mejorar sus habilidades sociales.

Como siempre, entender el pasado con nuestra madurez actual (no con la del momento en que lo vivimos), es el primer paso a saber qué hacemos, hacia dónde queremos ir y descubrir el entramado que nos hace actuar así.

Timidez e introversión

Es importante que antes de ponernos a trabajar en un rasgo de nuestra personalidad, tengamos claro qué queremos. Las personas tímidas son personas que quieren establecer mas relaciones con los demás y sienten que no tiene habilidades para hacerlo. Sin embargo, las personas introvertidas son personas que disfrutan de sus momentos de soledad y de una mayor comodidad en situaciones o contextos tranquilos, con poco estímulo externo. 

La principal diferencia, es lo que sentimos estando en contextos más tranquilos o con grupos de amigos y amigas más reducidos. Si realmente es lo que queremos y nos sentimos bien, es muy diferente a sentirse mal por no saber (y querer) cómo entablar nuevas conversaciones con otras personas lejanas a nuestro contexto más cercano.

Trabajar la timidez

Como todo (o casi todo) en nuestra personalidad, somos personas moldeables en constante aprendizaje. Por ello, si no nos sentimos bien con nuestro grado de timidez podemos trabajar y mejorar nuestras habilidades para relacionarnos con los demás.

Podemos establecer varios ejes de trabajo:

  1. Conocer nuestra historia relacional. De dónde viene nuestra forma de relacionarnos y qué sentido tiene para nosotros/as en nuestro momento actual.

  2. Empezar poco a poco. Entablar pequeñas conversaciones en contextos “sencillos”, que nos vayan dando confianza e información. Hay veces que, empezando la casa por el tejado no hacemos más que frustrarnos. Por ejemplo, entablando una pequeña conversación con una persona que nos preste un servicio (taxi, camarera/o…).

  3. Analizar y reconocer qué sientes y qué piensas en este momento. Esto marcará nuestro plan de trabajo. Nos ayudará a conocer qué pensamientos negativos surgen (no soy capaz, me está juzgando…) y qué emociones sientes (avergonzado, ridículo…). De este análisis, se generarán otras redes de desarrollo que completarán el trabajo personal.

  4. Uso de herramientas. Muchas son las técnicas que pueden ayudarte a seguir probando Una de las más usadas por personas que se dedican a profesiones más públicas y creativas es la Técnica de la máscara, con la que, en determinados actos, imagina ser un personaje que actúa. De esta forma, permitimos que nuestra imaginación vuele y sea capaz de crear momentos que, ciñéndonos únicamente a la persona que creemos que somos, no haríamos. Es una forma de romper los falsos límites que nos ponemos nosotros/as mismos/as.

  5. Trabajar el lenguaje corporal. Hay estudios que hablan de que en un intercambio comunicativo, nuestro cuerpo tiene casi un 70% de significado, frente al propio lenguaje verbal. Trabajar nuestra sonrisa, abrir bien los ojos y levantar nuestras cejas, no cruzar constantemente nuestros brazos, no tocarte la cara… son gestos que muestran apertura hacia la otra persona. Son fácilmente trabajables y aportan mucho a las relaciones.

  6. Triangulación. No es otra cosa que la relación entre la persona, tú y el tema de conversación. Puedes empezar por temas más banales, por ejemplo, hablar del sitio físico en el que estáis, de un acontecimiento reciente, una noticia…. Para mantener este triángulo, y con ello, las conversaciones, puedes trabajar:

    • La vinculación. Encontrar un primer punto en común con esa persona. De ahí saldrán otras muchas conversaciones, pero, esta vez, desde una mayor conexión, por tanto, desde una mayor seguridad.

    • La revelación. Normalmente, lo que rechazamos es lo que no conocemos. Por eso, revelar una parte de nosotros/as es algo que nos ayuda a seguir conectando con los demás. Explicar fortalezas y debilidades de nosotros/as mismos/as, nos acerca a que la otra persona pueda conocernos más y con ello, bajar el nivel de alerta ante lo desconocido que es lo que suele alejarnos de los demás.

  7. A partir de aquí, ya hay una pequeña base que te ayudará a sentirte más seguro para establecer más relaciones. Después, es mucho más fácil, sólo hay que trabajar la frecuencia, la proximidad, la duración y la intensidad de lo que has practicado. Aumentar las situaciones trabajadas anteriormente, aumentando los momentos en que lo haces y subiendo el nivel de las vinculaciones y las revelaciones.

Como siempre, son pequeñas ayudas para empezar a trabajar aspectos de nosotros/as que nos preocupan. Detrás de todo esto, hay mucha información de nosotros/as mismos/as que tiene muchas implicaciones emocionales que siempre hay que ir trabajando. La emoción, el pensamiento y la acción, deben estar unidas siempre y, cuando trabajamos rasgos de nuestra personalidad, es la clave para poder avanzar más rápidamente.

Jaime Ramos