Los celos

Mucho se escribe sobre los celos y muchas son las veces que los sentimos sin, apenas, darnos cuenta. Los celos, no solo en la pareja, no son más que los sentimientos que experimentamos cuando sospechamos que la persona querida siente amor o cariño por otra o sentimos que esa persona siente más amor o cariño por otra persona que el que siente por nosotros.

Con esta definición, evidentemente, ampliamos el abanico de situaciones y personas en las que hayamos podido sentirlo.Cuando esto nos pasa, empezamos a crear estructuras de interpretación y vinculación afectiva en las que desarrollamos un mundo interno muy complejo, que nos puede llegar a provocar angustia, control y tensión con la otra persona. Si no le ponemos remedio rápidamente, acaba convirtiéndose en una forma consolidada de relacionarnos y, con ello, muchas relaciones frustradas.

¿Cómo se crean los celos?

Como siempre, nuestro apego vuelve a tener un papel protagonista. Como hablamos en el artículo, “cuando durante nuestra infancia contamos con una figura a la que sepamos que podemos acudir siempre (primera figura de apego), desarrollaremos un sentimiento de confianza y seguridad frente al mundo que nos rodea.”. Cuando esto no ha pasado, las relaciones en la adolescencia y la adultez traen reminiscencias de apego inseguro y, con ello, formas poco satisfactorias de relacionarnos con los demás.

A partir de las estructuras interpretativas que obtenemos de nuestras primeras relaciones sociales, empezamos a derivar en factores tales como la inseguridad, la baja autoestima y el desarrollo de emociones mal estructuradas, que nos llevan a expresar el afecto a través del control como forma de vinculación. Esto provoca una circularidad disfuncional severa que trae como consecuencia el conflicto, tarde o temprano, con la otra persona. En algún momento nos saldrá la alarma de “no me quiere o quiere más a tal persona”.

Estos temores, acaban convirtiéndose en creencias que necesitamos “autocumplir”. ¿Cómo lo hacemos? Ejerciendo control y la sospecha constante que nos ayude a confirmar nuestros temores. ¡Nuestra mente siempre busca el orden y la explicación! Evidentemente, en los casos más graves, entra en acción nuestra imaginación y empezamos a ver situaciones que realmente no están existiendo (miradas cómplices con otras personas, sonrisas, intencionalidades erróneas…).

Al final, llegamos a ahogar la relaciones, convirtiéndolas en relaciones tóxicas o relaciones que llegan a su fin.

¿Los celos se “curan”?

Como casi todo, hay un fuerte trabajo por hacer a nivel emocional y cognitivo para las personas que sufren los celos. No es sólo un problema de inseguridad, es un problema de estructuración mental. Reestructurar nuestros pensamientos y conseguir que éstos sean más adaptativos no es tarea fácil, pero nos ayuda a ver la vida desde otro punto de vista y a entender cómo hemos llegado hasta aquí. Todo esto, implica un esfuerzo por conocer nuestra forma de entender las relaciones , de entender nuestra forma de entenderlas y de conocer, cómo nos perciben los demás. Es un trabajo apasionante para nosotros/as y para los demás.

Jaime Ramos