La caída de mis pilares

Cada día nos despertamos y empezamos un nuevo rumbo. A menudo, este despertar es sólo físico, ya que seguimos haciendo y sintiendo muchas de las cosas con las que no nos sentimos bien. No hay tiempo para despertar nuestro yo.

Con el paso de los años, sentimos que la vida pasa y no tenemos ni somos aquello que queremos ser. Hay una parte interna que tiende a la homeostasis, quedarnos como estamos, y otra que parece decirnos diariamente: esto no es lo que quieres.

La caída de los pilares

De pronto, hay algún acontecimiento en nuestra vida que rompe ese falso equilibrio y hace caer los pilares (aunque no fueran firmes) que nos han sujetado durante mucho tiempo. Cuando hablamos de pilares, hablamos de aquellas creencias y sentimientos que sujetan nuestro equilibrio, a pesar de que éste esté lleno de malestar.

Muchas son las veces que, tras algún acontecimiento, todo esto se cae. Los pilares se han caído y entonces es cuándo despierta el yo que queremos, el yo real. Este despertar implica rehacer muchos de nuestros pensamientos y emociones y supone un arduo trabajo interior.

Los acontecimientos negativos, como pueden ser un fallecimiento, una ruptura, un despido…, son acontecimientos que hacen tambalear nuestros pilares y suelen atacar directamente a nuestra autoestima. Sin embargo, las buenas noticias (encontrar un buen trabajo, encontrar a una buena pareja, amigos, conseguir retos…) también suelen ser causantes de más caídas de las que creemos. La sensación positiva que nos genera, en personas muy traumadas, pueden ser un verdadero choque para nuestro yo. A menudo, crecemos con la creencia de “yo no merezco” y cuando aparece algo que creemos merecer, estamos rompiendo, sin darnos cuenta, un pilar fundamental. “Siempre debemos sufrir, nunca ser felices”. En personas con una educación competitiva y exigente en exceso es algo muy común. En personas que han crecido con la sensación de no ser queridos ni respetados por sus figuras de apego, también lo es.

El despertar del yo

En la mayoría de casos en los que nos replanteamos nuestra vida tras acontecimientos negativos, el “despertar” es más sencillo, a priori. La persona parte de la base de que algo malo ha pasado, sobre lo que debe recuperarse y volver a reconstruir su yo.

En el caso, del “despertar tras acontecimientos positivos”, hay un trabajo paradójicamente más difícil. Además del malestar interno de que algo no va bien, añadimos el sentimiento de culpa de no entender como “teniendo tantas cosas buenas, estamos mal”. Desde luego, hay un impacto mayor en la persona, ya que no entiende por qué se siente así, a pesar de tener tantas cosas buenas.

Por tanto, la no aceptación del malestar hace que éste se vaya acentuando cada vez más, hasta que conseguimos darle una explicación negativa de nosotros/as mismos/as. Buscamos algo por lo que estar mal. Es la única forma de “justificar” nuestra tristeza o rabia.

En esta dinámica de no aceptación, pueden aparecer muchos miedos que se convierten en cómplices de nuestras dudas.

Por tanto, escucha cada día tu despertar y analiza cuáles son los pilares que sostienen tus creencias. Descubrirlos, es el primer paso para reconstruir un edificio firme e infranqueable, donde sólo tú y quién tu quieras pueden entrar dentro de él. Hacer este edificio y conocer qué hay sobre el terreno en el que lo construyes, además de ser algo básico para entenderte, es algo que te permite, poco a poco, elegir cada ladrillo que colocas.

Jaime Ramos