Superar el desamor

Como en toda relación social, a menudo, nos encontramos con el fin de las mismas y, con ello, una fase de duelo afectivo.

Vimos en Las fases del amor, que pasamos por diferentes etapas en nuestras relaciones amorosas sanas que hacen de ellas escalones agradables en nuestro desarrollo como personas individuales. Una fase que puede aparecer (¡afortunadamente no siempre!) es la del desamor.

¿Cómo llegamos al desamor?

Los motivos por los que llegamos al desamor son muy variados. Podríamos resumirlos en que es el momento en que el bienestar emocional que nos proporciona esa relación deja de estar y empieza a disiparse. Poco a poco, ese bienestar se va transformando en situaciones que, para algún miembro de la pareja, deja de ser agradable. Por ello, es importante conocer qué es para nosotros el amor y qué esperamos de él.

Muchas veces, nos embarcamos en relaciones con rumbos muy distintos y que, por el miedo a la soledad, hace que aceptemos el modelo de amor de la otra persona. En este momento, empezamos a aceptar y adquirir como nuestros, límites que antes creíamos no tolerar.

Es el momento en el que cada miembro de la pareja decide su camino y, al principio sin darnos cuenta, empezamos a trabajar el desamor. La forma de practicarlo es muy diversa y según el modelo de amor personal, la rupturas de las normas de la pareja son muy diferentes. Da igual cuáles sean, lo importante es que esas normas eran acordadas por las dos partes y se están rompiendo.

En este momento, según los límites que seamos capaces de tolerar y aceptar, provocamos la ruptura de la pareja o, por el contrario, entramos en el bucle de las relaciones tóxicas (de las que ya hablaremos otro día).

Las fases del desamor

El desamor, no es más que un tipo de duelo afectivo o relacional. Es una pérdida ante la que debemos trabajar para su aceptación. Como cuando tratamos el duelo, el desamor se construye de las mismas etapas:

  1. Negación. En el momento en que no aceptamos el fin de la relación, ya sea porque estemos separados/as o porque nos neguemos a ver que nuestras reglas del amor se están incumpliendo. Es una fase que puede durar mucho tiempo si no hacemos un buen análisis de nuestra realidad.

  1. Rabia o ira. Buscamos el culpable de la ruptura y optamos por la “autoculpa destructiva” (nadie quiere estar conmigo) o la “desresponsabilización” (nada es mi responsabilidad, todo es responsabilidad de la otra parte). Es una etapa muy dolorosa donde del amor podemos pasar al odio, saltándonos el desamor, que es el sentimiento de dejar de querer a una persona porque simplemente no somos felices en esa relación. A menudo, nos bloqueamos en esta fase y nos es muy difícil volver al desamor. En esta fase, las rupturas se convierten en tóxicas y poco provechosas. Algo malo se instala en nuestra mente, porque no ayudamos al cierre, solo odiamos y esto nos impide ver y aprender.

  2. Negociación. Es el momento en el que empezamos a aceptar que algo ha pasado y que algo hemos aprendido. Empezamos a ser capaces de negociar con los demás y con nosotros/as mismos/as. Nos damos una oportunidad para saber qué ha pasado realmente y qué nos llevamos de esa relación. ¡Siempre hay algún aprendizaje!

  3. Depresión. El momento de darnos cuenta de que esa relación ha terminado realmente y esa persona no estará con nosotros. Es una etapa en que, peligrosamente, conectamos con los momentos más bonitos de nuestra relación, olvidando el motivo de la ruptura y, si no avanzamos, podemos volver a la primera fase. Normalmente, toda la negación y rabia se convierte en tristeza y sensación de vacío. Esta tristeza tiende a confundirnos y a necesitar la compañía. A veces esa compañía, es la propia ex-pareja.

  4. Aceptación. Es el momento en el que aceptamos que la pareja se ha roto y empezamos a trabajar el desapego real.

Superar el desamor

Conocer las fases y darle nombres a nuestros sentimientos es aceptar que los sentimos y, con ello, buscar el bienestar.

Para ello, es importante que en cualquier proceso de desamor seamos capaces de hacer el duro trabajo para que esa ruptura no se “nos clave” y nos impida seguir teniendo relaciones afectivas en un futuro. Hacer de la excepción, la regla es algo muy común…

Para ello, es importante:

  • Analizar, una vez pasado el duelo, qué hicimos bien y qué podemos mejorar de cara al futuro en nuestras relaciones.

  • Reafirmarnos en los límites individuales que queremos poner en nuestras próximas relaciones y aquellos que no hemos aceptado en esta relación.

  • Aceptar la soledad como el momento necesario de recomponer nuestros valores y exigir nuestra individualidad. Muchas veces buscamos relaciones impulsivas que nos ayuden a olvidar, pero éstas no nos deben impedir hacer nuestro análisis del desamor.

  • Perdonar aquello que la otra persona no supo hacer mejor. Es una conclusión más provechosa para nosotros. Pensar en la “maldad” puede protegernos al principio y nos ayuda a expulsar nuestra rabia, pero no nos ayuda a reconciliarnos con esa situación que nos ha hecho daño. Ha pasado, lo acepto, lo perdono, pero no lo quiero en mi vida.

Aparentemente, son pasos fáciles y lógicos, pero todos ellos vienen marcados por mucha historia personal que, a veces, desvirtúa el significado a nuestras interpretaciones. Trabajar este punto es esencial. Como siempre, la clave: Saber parar, analizar y coger impulso.

Jaime Ramos